Por Henry Esquivel Monge, escritor sancarleño

Eran las horas de la madrugada, apenas si se podía ver, los primeros rayos de luz se habrían paso entre la oscura y fría niebla que envolvía toda la montaña sagrada, Arturo y su tío Jorge se internaron en la montaña a la altura de la quebrada del palo.

Arturo con tan solo doce años, no lo podía creer por primera vez se adentraría en la aventura de ir a casar, no era por la cacería sino más bien por escuchar aquel perro sabueso marcar el rastro de un buen animal y estar en la montaña y conocer los secretos que su tío le trasmitiría, saber cómo ubicarse y saber cómo sobrevivir en la espesa selva virgen.

Ese día el perro siguió algunos rastros y sin advertirlo poco a poco se fueron adentrando más y más en la espesura del bosque, de repente la sensación máshorrible que un cazador puedan experimentar se hizo latente, estaban desubicado y perdidos, todo les parecía igual, el terreno no permitía saber dónde era arriba y donde era abajo.

Ya estaba oscureciendo y no había forma de poder ubicarse, Jorge llamó a su perro Chester y lo amarró a un poste, se apresuraron a hacer un refugio ellagamba de un palo para dormir un poco más seguros.

La noche fue fría y entre los tres se dieron cobijo, pero por dicha la luz estaba regresando, era un nuevo día, a lo lejos se escuchó una gallina de monte silbar su hermosa melodía y Jorge se fue en busca de su nido, dirigido por el canto del ave.

Al poco rato regreso con una buena cantidad de huevos, se fue a lavar los utensilios y se encontró con una fuente de agua caliente, esta estaba tan caliente que burbujeaba y Jorge echo ahí los huevos, al poco rato estaban listos y cocidos, después de comerlos, se dispusieron a caminar.

Habrían caminado un poco más de medio día cuando en medio del bosque se encontraron una cerca de malla galvanizada de muy larga distancia, pensaron que estaban salvados, creyendo que la salida estaba cerca, sin embargo, para su sorpresa lo que encontraron los dejó perplejos.

Unos hombres vestidos con ropa militar los encontraron y les hablaban en un idioma extraño, Arturo no sabía que pasaba, pensó que habían llegado a otro país, de repente un hombre mayor con el pelo blanco en su cabeza y de ojos azules les indicaba que lo siguieran el por dentro y ellos por el otro lado de la maya.

Al poco rato sin percatarse del engaño se encontraron emboscados por varios hombres que portaban grandes armar y vestidos de militares, los esposaron, les pusieron unas fundas negras en su cabeza y los hicieron subir al cajón de un pick up, solo pudieron escuchar que a Chester también lo subían y este estaba al lado de ellos, el trayecto por donde los movilizaron fue algo lejos y después de un rato los hicieron bajar y prometer nunca más volver.

Arturo estaba muerto de miedo y Jorge, aunque no lo demostrara estaba igual, se fueron dejándolos libres, eso sí con las capuchas puestas que quitaron poco después para descubrir que los habían dejado en el puente la vieja camino a Ciudad Quesada.

Mucha historia escuchó Arturo de ese lugar, teorías decían que era un laboratorio de los estados unidos, que tenían una base naval y otros que era algo asícomo base 51, lo cierto es que solo quedo en eso puras teorías, según indicaron después un grupo de policías intentaron ir a buscar la verdad del asunto, sin embargo, fueron detenidos por los mandos superiores y desistieron en seguir.

Muchos cazadores dan versiones similares, sin embargo, nunca se supo a ciencia cierta, donde, conqué intención, si fue realmente cierto o parte de la imaginación colectiva, pues todo quedo en el misterio.

Lo cierto es que si pasó a ser parte de las leyendas populares de esta montaña mágica que es el Juan Castro Blanco.