Por Henry Esquivel Monge, escritor sancarleño

El día era hermoso, el sol se asomaba por la llanura y reflejaba en aquel imponente cerro que tenía un cono perfecto, sin ser igual a todos los de su alrededor..

Pocos estudios realizados indicaban que era un volcán dormido, con solo unas pequeñas fumarolas que de vez es cuando desprendían un poco de vapor.

Para los vecinos no era más que un cerro que escalaban hasta su cumbre para ver el paisaje y sus lagunas, la vegetación era escasa en su cumbre y la que había era de baja altura, corría un viento fuerte y el cono era de pura arena, de ahí el nombre de cerro arenal.

Ese día la tierra comenzó a sonar, de sus entrañas desprendía un ruido como de colmena de abejas en pleno vuelo, pero multiplicado por mil, las pobladoras cercanas se extrañaron de los ruidos, pero a como pasaba el día se fueron acostumbrando, ya en horas de la tarde se notaron unos pequeños temblores que fueron acrecentando su fuerza hasta no poderse estar en pie y la noche fue peor, nadie pudo dormir.

Javi con sus ojos hinchados y rojos por el desvelo se apresuró a levantarse y observar que sucedía, pero nadie sabía lo que en realidad sucedía.

De repente un gran estruendo fuerte, muy fuerte se escuchó tanto que sus oídos quedaron sin escuchar por mucho tiempo.

Las miradas se dirigieron hacia el cerro y del emanaba una columna de humo negro en forma de hongo y de ella se disparaban piedras y cenizas que quemaban todo a su paso 

Javi corrió despavorido sabiendo que su vida dependía de ello, detrás del solo una nube negra se podía observar que le perseguía y al pasar no dejaba nada más que troncos ardiendo, toda la hierba y los arboles chicos eran ceniza con solo su paso y solo ardían los troncos de árboles gruesos por unos momentos,

Tropezó y cayó al suelo, su mente le decía corre, corre o morirás y su corazón bombeaba sangre a cada parte de su cuerpo cargando la adrenalina necesaria, sin saber cómo o cuando él se había levantado y ya estaba corriendo, sentía sus pies calientes, pero no se detenía, corrió y corrió, ya sin fuerzas agotado mal trecho, pero jamás soltó el galón de agua que llevaba en sus manos.

Paso por los vehículos y pudo notar como un compañero suyo estaba abrazado de la llanta de repuesto en el jeep, de sus ropas salía fuego y quiso apagarlo, pero cayó en cuenta que él estaba muerto. Los demás compañeros que estaban en los carros yacían desnudos y en su cabeza no había pelo, la nube no es dio tiempo ni de sentir dolor, pues sus cuerpos quedaron tal cual los encontraron.

Siguió su camino y de repente le salió un hombre todolleno de ceniza Javi lo tomo, lo recostó a su pecho y de galón le dio agua a beber, pero no podía llevárselo, sus fuerzas ya no daban y sus piernas apenas si lo soportaban.

No había tiempo, siguió corriendo sin saber de dóndeechaba fuerzas y otra persona le salió al encuentro, se notaba que había inhalado los vapores de la nube y tenía su boca quemada, le dio un poco de agua y continuo su carrera, pensando que si llegaba al puesto de la cruz roja los podrían atender, más no sabíadónde estaba, pasó el rio tabacón por dentro de sus aguas calientes y a pocos metros se encontró con el puesto de la cruz roja.

Estos al notarlo agitado, cansado sin fuerzas y a punto de desfallecer por el gran esfuerzo y el trauma de la tragedia, más Javi no quiso ser atendido, al contrario,molesto les discrepó

— Mejor vayan y rescaten a dos personas que deje al otro lado del rio.

Ellos corrieron y al poco momento llegaron con las dos personas que Javi se encontrara minutos antes, al instante les pusieron oxígeno y lograron que salieran del estado que estaban hasta quedar estables.

Esta tragedia esa llena de historias, pero quedarán para otra entrega.