Por Henry Esquivel Monge, escritor sancarleño.

Hace años atrás se podía observar, a los malekus en fila camino a tilaran, con sus bolsas tejidas con fibra de cáscaras de burú, llenitas de pejibayes para vender allá.

La gente los esperaba para de ellos comprar, el famoso pejebaye y otras cosas más.

También sus curaciones eran en particular, temidas por muchos pero amadas por más.

Se quedaban fuera del pueblo , más que todo por temor, pues en otros pueblos los trataban con horror.

No le hacían mal a nadie, pero la superstición, le ganaba a algunos y envenenaban su corazón.

Ellos sin embargo no guardaban rencor y de los que admiraban a sus hijos les dio, el apellido de ellos como un gran don.

Ya pasaron los años y todo cambió, ya no se ve el desfile que causaba admiración y de los pejebayes nada quedó.

Todo esta en el olvido, es otra generación, se han abierto al turismo y la conservación.

Es otra forma de vida, pero nunca perdió, la cultura y su idioma, como una distinción.

Si quieres ir a conocerlos, te los recomiendo yo, gente linda y gentil que te tratarán con amor, que compartirán su cultura con alegría y mucho amor.

Es una experiencia muy linda te la recomiendo yo, conocer nuestras raíces  es un bendición que no muchos tienen para ser mejor.