Querido Señor Presidente,
Junto con nuestras hijas queríamos agradecerle de corazón por la carta que nos hizo llegar el pasado lunes. Como se podrá imaginar estamos sobrecogidos y devastados por esta pérdida tan dolorosa. Se quedan cortas las palabras, nada puede expresar lo que estamos viviendo. Sin embargo, Dios nos ha regalado la gracia de poder acoger el amor de tantísimas personas que nos alientan. Agradecemos su cariño y cercanía en estos momentos tan difíciles.


Nuestro país se caracteriza por ser un pueblo de paz, por eso nos sumamos al clamor de la gente de que esto nunca vuelva a pasar. Agradecemos todo lo que usted como Presidente pueda hacer para proteger a nuestro pueblo, y para ello le pedimos que nos ayude a impulsar una corriente de amor y reconciliación.


Nosotros somos una familia misionera que pertenecemos a una Comunidad que se llama Ignis Mundi, de la que Marco también formaba parte vitalmente. Junto con él y nuestras hijas nos estábamos trasladando a vivir a Los Guido, para apoyar la misión que allí estamos realizando, decisión que por supuesto, no solo mantenemos, sino que ahora reforzamos.


Entre otras cosas, precisamente esta misión está orientada a que los jóvenes envueltos en un entorno de vulnerabilidad, sean amados desde su infancia, dotados de estabilidad y las oportunidades necesarias, para que nunca tengan que sumergirse en la violencia.


El Amor es el Fuego que ilumina el mundo, y es el único capaz de vencer de raíz la violencia, el odio y la injusticia. Ayer pudimos ver las imágenes del terrible asesinato de nuestro hijo. Él recibió su “martirio” desde la fortaleza y la mansedumbre. Aún con nuestro corazón desgarrado, nos quedamos con su última mirada, que fue una mirada de misericordia, y esto queremos que sea un mensaje para el mundo.


Nos gustaría pedirle que nos ayudase a que la muerte de Marco sirva para dar luz a nuestro pueblo costarricense. El amor a nuestra patria y, más allá, al mundo entero, nos llama a reforzar el mensaje que, muy espontáneamente, el Espíritu Santo nos inspiró en el funeral de nuestro hijo: la repuesta a la raíz de la violencia es el amor y el servicio a las personas que nacen y viven en condiciones de vulnerabilidad.
Ayúdenos a animar a nuestros jóvenes a comprometer su vida por una causa noble. Aliente al pueblo a que salga de las cadenas del egoísmo e individualismo y hagamos una revolución del amor; que la paz corra como un río desbordante por cada rincón de nuestro bello país.
¡Volvamos a ser la nación de la paz, promovamos que nuestro pueblo se comprometa con la ayuda al necesitado, la promoción humana y el desarrollo social!
Gracias Señor Presidente por pensar y rezar por nosotros; también rezamos por usted para que sepa guiar al país con justicia, sabiduría y amor.
Con todo nuestro cariño y dolor,
Gabriela Valverde Mario Calzada