Por Henry Esquivel Monge, escritor sancarleño

El tiempo endureció sus manos y sus dedos crespó. No sin antes hacerlas sangrar, por el roce del espeque, el arado y el azadón .

El sudor, vertió en la tierra y en sus entrañas sus ilusiones guardó. De ver un día, un futuro mejor.

La tierra buena le dio sus frutos y a su familia, alimento llevó. Fruto fresco y delicioso siempre de la mejor .

De sol a sol y bajo la lluvia el nunca descanso. Sacando de su amada tierra sus frutos, Con los cuales a sus hijos estudio el les dio.

Hoy ya esta viejo, sus cabellos ya todos blancos son, sus manos ya no son fuertes, pero siguen llenas de amor, por aquella tierra querida que tanto le dio.

Del campo aprendieron sus hijos, el amarlo con pasión.  Dice querer morir en su tierra a la que le tiene tanto amor.

Cada mañana se le ve caminando a trabajar su tierra con mucho fervor. El dice que mientras viva y fuerzas le de el creador, seguirá labrando la tierra con el mismo amor .

Ojalá nos dieran la ayuda que por muchos años el gobierno ofreció y volviera los ojos a quien por mucho tiempo abandonó.

Al humilde, sencillo, educado,  valiente  y trabajador. A los más  importante de los profesionale, el dedicado agricultor.

A mi bello abuelo, mi agricultor, hoy digo con orgullo, que sus pasos sigo yo, espero este orgullo donde hoy me lo tenga Dios.

Ya partió para el cielo de nuestro señor, pero si de algo estoy seguro es que allá en el cielo el esta mirando hoy orgullo de todos los que sembramos hoy .

Y allá arriba táctica Dios un terrenito le dio , pa que labre la tierra, como acá se lo permitió, cultivando la comida que come nuestro señor. Porque de esos manjares no creo que se restrinja táctica Dios.