Por Henry Esquivel Mongé, escritor sancarleño ( en la foto el foto don Herny Esquivel y José León Sánchez)

Él (José León Sánchez, escritor) siempre se reconoció huetar con su orgullo por su lugar de nacimiento Cucaracho, hoy San Rafael de Rio Cuarto, que si bien es cierto fue parte del territorio dominado por los huetares, sus verdaderos habitantes fueron los botos, pueblo tributario de los huetares.

 Tuvieron su territorio desde Sarapiquí, hasta  las propias faldas del exuberante volcán arenal, y desde el Volcán Poás hasta el río San Juan.

Siempre le dije que el podía ser el último de esa raza extinta, desaparecida por los huleros y absorbida por las otras etnias, Huetares y Malekus los pocos que al final quedaban .Sin embargo fiel a sus principios se declaró siempre Huetar.

Y como culparlo fuera como fuera lo era, pero también guardaba su raza muy dentro. Y si en realidad mis sospechas fueran ciertas y el gran maestro José León Sanchez fuera el último de los botos.

Si ya su vida misma es para una gran novela, llena de dolor y fantasía y misterio, le agregaremos ser el último de una raza de sabios, que construyeron carreteras, acueducto, ciudades bien organizadas, que fueron los primeros en el país  en tener información en los cruces de calle sobre a qué ciudad se dirigía cada una.

Que conservo fiel hasta el último de sus días su esencia y que fueron obligados a desaparecer como grupo étnico, esto sería aún más doloroso.

 Se perdió a un gran ser humano, un gran escritor y el último de una gran raza y yo debo agregar a un gran amigo y maestro .

Una persona que a pesar de su infancia nunca negó su origen, que decía siempre sin pena que su madre fue prostituta, que el fue huérfano y que también fue preso injustamente en la cárcel más atroz de centro América.

Que con humildad y trabajo duro llegó a ser el mejor escritor de Costa Rica, el más vendido y reconocido a nivel mundial, con tantos reconocimientos, nacionales he internacionales, que forman la gran lista de reconocimientos que le otorgaron en vida.

Yo aún creo que merece ser declarado benemérito de la patria, por su aporte cultural y por abrir tantas puertas a la literatura nacional.

Que no descansó un día en su vida, pero que nunca estuvo ocupado para atender a un amigo, dar una opinión, a atender la prensa y que nunca guardó rencor por lo que muchos le achacaron con desprecio.

Esta vez murió un gran hombre, el mejor escritor costarricense y el último de los botos, un gran maestro al que tuve el honor de llamar amigo.