Evaristo Arce, regidor sancarleño y vecinos de Castelmare de Pital, nos sorprende con este hermoso relato de su infancia, digno de ser leído.


«Mi abuelo, se llamaba Agapito…contextura baja, rasgos indiados, rustico agricultor sembrador de maíz y frijoles.

Daba gusto ver los sacos de frijol chímbolo bien escogidos y asoleados guardadas en la troja forrada con hojas de Corozo y zuita . Alrededor, muchos olotes desgranados de cosechas viejas de maíz, como olvidar esas milpas con matas de tres mazorcas.

Uno, todo negrillo, pata pelada de pantaloncillo corto, ayudaba a espantar a puro grito chocoyos en las milpas, sí, esos pericos jupa blanca.

Uno, ponía feos espantapájaros en media milpa, al principio funcionaban, pero rápido los pericos captaban la mentira.

Destusar maíz y desgranar mazorcas era aburrido, había unas mazorcas durísimas, pero uno usaba otro olote más brocho para aflojar el grano.

Daba pereza abrir el saco mientras median con el cuartillo las tres cajuelas que cabían en cada saco de guangoche. Cuatro cuartillos rasos, una cajuela exacta.

Terreno frijolero. Se carrileaba el tacotal y con habilidad innata se lanzaban con las manos los granos de frijoles por encima del monte calculando no nacieran apuñados, luego, se volaba machete quedando el matorral bien repicado.

Cuando había monte conocido como paira, platanilla, guarumo tierno, varilla negra y bijagua, era segura la buena cosecha.

Cinco matas de frijoles hacían un rollo, uno amarraba las matas con las mismas raíces quedando un perfecto moño deseado por cualquier señora.

Aporrear frijoles con varilla en pleno sol era una jornada nunca deseada, uno salía con pega de tomar agua para bajar el calor y el polvo que levanta cada varillazo espolvoreando matas con todo y vainas.

Esa es mi raíz, soy nativo del campo, logré nacer en un ranchón de paja, paredes con astillones de balsa amarradas con bejuco y pronunciadas hendijas, piso de puro suelo.

El nacer, fue un milagro, tres días agónicos con dolores de parto que sufrió mi madre.
Doña Emilia, la partera, a pesar que mi madre ya no tenía fuerzas, nunca se dio por vencida, masajes, bebedizos y oraciones me permitieron venir al mundo, más muerto que vivo. Doña Emilia, me consideró su hijo también, siempre me decía Varito.

El abuelo Agapito.

«Nací a orilla de un río»

Quiso Dios, que, donde nací, a orilla de un río, ahí me quedé viviendo por siempre, rodeado de montaña, acompañado de los aullidos de monos congos, ranitas de colores y chachalacas en los charrales.

Siempre desde el paredón de la casa contigua al rio contemplando ver saltar las machacas y olominas.

Al caer la tarde, era lindo ir al rio, con carnada de chacalín se pescaban guapotes y mojarras para acompañar el arroz y frijoles.

Acá, los amaneceres son agradables, con olor a monte fresco mojado, amaneceres con trinares mañaneros de avecillas saltarinas.

De aquí soy yo, rodeado de naturaleza, donde el gorrioncillo revolotea equilibradamente para extraer el néctar sin lastimar la flor.

De acá, donde escucho a diario el eco lejano y sonoro del picoteo del pájaro carpintero afanado buscando la oculta larva del árbol seco.

Añoro los largos veranos, cuando se metían, se metían.
Hoy día son diferentes, pero no faltan los conciertos inagotables de las chicharras.

En aquellos viejos caminos, trochas de puro suelo, era toda una novedad ver llegar algún carro descapotado y un par de camiones madereros.

Me da nostalgia las épocas de guabas, actualmente estamos en plena cosecha. Pero en aquellos tiempos, eran épocas doradas, se reunía las familias entre vecinos debajo de los frondosos árboles, las muchachas lucían sus encantos.

Siempre había algún joven quien jugando de galán conquistador subía por las altas ramas con grandes habilidades.

A manera de coqueteo, escogía las mejores y más gordas guabas para las damas, sinceramente era una buena forma de conquistar. Hasta los suegros caían en la trampa con guabas gordas que el galán de vez cuando les tiraban.

Conocí casos donde el joven se le rajo la rama viniéndose desde arriba con todo y guabas, aparatoso panzazo, pero disimulaba mientras cogía resuello»

Por:Evaristo Arce, 28 de abril 2020.
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